Ni equinocios, ni solsticios ni demás acontecimientos meteorológicos, aquí lo que define la entrada de esta calurosa estación, al igual que ocurre con la llegada de la Navidad
, son los anuncios televisivos... No hay más que echarle un vistazo a un bloque de anuncios publicitarios: cremas anticelulíticas, cremas autobronceadoras (en vez de promocionar las cremas con protector solar), cremas reafimantes, reductoras, antiarrugas, antiestrías, para talones secos, tintes de pelo con protección ultravioleta... Por no hablar de las empresas prometedoras de viajes para las vacaciones a sitios donde si tienes algún problema, ellos por un módico precio se encargarán de solucionártelo... JÁ!!!Pamplinas, pamplinas y requetepamplinas todo!!! El verano es una época frustrante, de hecho para mi sería la peor época del año de no ser por las fiestas de los pueblos (tema al que dedicaré unas líneas más adelante, cuando ya esté puesta al día). Supuestamente tiene que hacer un calor de morirse, pero no, tú te haces a la idea de que luce el sol y por lo tanto hará bueno, pero sales a la calle y... ojnfowehfosbsoj!!!!!!!!!!!! Primera gracia del verano: nos toma el pelo climatológicamente hablando.
Segundo punto a analizar: las vacaciones. Vas a una tienda y te encuentras con el típico cartelito "Cerrado por vacaciones", o cosa que jode más aún, el famoso horario de verano, donde tú llegas tan tranquila a la una de la tarde a comprar el pan y te encuentras con que la panadería ya está chapada... oiwehfjwnhfoidhfo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! O simplemente acudes a cualquier organismo para hacer papeleos y te encuentras con unas colas del copón porque la mitad de la plantilla está de vacaciones, como si no lo estuvieran el res
to del año... Y mientras tanto yo me tengo que dedicar a hacer las vacaciones de los que realmente están de vacaciones, y no me quejo ni mucho menos, que por mi podrían tener tres o cuatro meses de vacaciones al año, yo encantada!!! O que se cojan la baja por tener depresión postvacacional... En fin... Habrá que hacerse de armas tomar y, al igual que el verano pasado, pensar que el otoño no anda muy lejos y que con él empezaré otra nueva etapa en mi vida. He dicho.

